Entrevista con RAFAEL TORRES.

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“ El que guarda la verdad, se la roba a los demás”

Rafael Torres, escritor y periodista, conocido por el gran público por sus artículos de prensa y por su participación en numerosos programas de radio y televisión. En su profesión ha tocado todos los palos: crítico literario, de cine y de televisión , enviado especial, especialista en sucesos, analista político, referencia internacional en su labor de rescate de la Historia de España, y autor de medio centenar de libros. Su novela “Ese cadáver” es de lectura obligada en las universidades francesas, y con “Los náufragos del Stanbrook” ganó el premio de novela Ateneo de Sevilla., Es uno de los periodistas más influyentes y prestigiosos de España y del ámbito internacional. Nos presenta su último libro: “1931. Biografía de un año”.

Gana en las distancias cortas, es educado, caballeroso y con un agudo sentido del humor. Sorprende su sinceridad e idealismo, pese a ser un hombre de éxito. Nos muestra su lado más personal contestándola término de la entrevista, sin tapujos, nuestro” cuestionario muy íntimo”:

P. Usted, que ha trabajado para los más importantes medios de comunicación, tanto de derechas como de izquierdas, ¿Quién le ha censurado más?
R. La autocensura es la peor, por ser la más sibilina y la más tóxica, de las censuras. Algún sapo y alguna culebra se ha tenido que tragar uno en más de 30 años de profesión, pero la verdad es que no he valido ni para autocensurarme ni para soportar censura alguna, de modo que cuando en algún medio se ha intentado torcer mi criterio y laminar mi libertad, me he ido, o me han echado, y asunto concluido.

P. Se le echa de menos en la radio, las tertulias parecen menos agresivas que en televisión.
R. Diez o doce años colaboré en RNE, como contertulio en los programas de las tardes y de las mañanas, hasta que en uno de esos cambios de directivos que llegan acompañados de sus amiguetes, me sepultaron, por no echarme directamente, en los confines de las madrugadas. Era un programa excelente, “La noche menos pensada”, de Manolo H., y habría seguido de no tener la necesidad ineludible, muy común en los seres humanos, de dormir algo. Desde entonces, cuando me entrevistan en la radio, siento una nostalgia tan grande que me quedaría allí, siquiera porque, en efecto, no se respira la agresividad de la televisión, a donde no pienso volver ni loco.

P. Siempre fue un republicano minoritario. Tras los últimos acontecimientos reales, se le unen importantes voces del periodismo y la literatura, ¿Es que ahora, sus colegas, saben más que antes?
R. Es que declararse republicano hace 20 años, cuando lo hice abiertamente a través de mis opiniones en medios de máxima audiencia (Tele 5, El Mundo, RNE…), no era cosa fácil, Ahora no le pasa a uno nada, pero antes era como si uno hubiera matado a Manolete y se recibían llamadas y presiones desde las alturas para mandarle a uno al paro, que es la manera, dejándole sin trabajo, de castigar al trabajador. Y a su familia.

P. Usted, con sus libros, desencadenó el denominado Movimiento para la Recuperación de la Memoria Histórica. Sin embargo, fueron otros los que terminaron acaparando los focos y escenarios. ¿Se apartó de la explosión mediática?
R. Ese movimiento se desencadenó solo, por la necesidad de saber, de restaurar la verdad y de devolver la dignidad, buscando sus restos y la memoria de sus vidas, a las víctimas del franquismo. Mi oficio es el de escribir, y en éste caso, con los libros dedicados a la Guerra de España y a sus terribles e interminables consecuencias, el de escribir por un imperativo cívico, moral, patriótico, pero los focos, los escenarios y esas cosas de la fama nada tienen que ver con él. He escrito libros (“Los esclavos de Franco”, “Víctimas de la Victoria”, “Desaparecidos”, “Heridos de la Guerra”…) que estaban por escribirse, y haciéndolos no hice otra cosa que cumplir con mis obligaciones como escritor fascinado –y horrorizado- con la Historia y como hombre libre.

P- “1931, Biografía de un año”, ¿de un año parecido al que vivimos hoy peligrosamente?
R. 1931 y 2012 tienen en común, entre otras cosas, la brutal crisis económica y el sufrimiento y el hartazgo de la población. La diferencia es que el 14 de abril de 1931 se apostó casi unánimemente por la alegría de vivir y por la esperanza.

P. Su libro refleja mes a mes todo tipo de acontecimientos, políticos, culturales, reivindicativos y de la vida ordinaria de los ciudadanos, pero me llama la atención la cantidad de sucesos…R. España era, antes de la llegada de la República, un país enormemente atrasado, que había perdido todos los trenes del progreso a consecuencia de la vileza y la codicia de sus clases rectoras. Era un país semisalvaje en lo social, cuyos nacionales sufrían el mayor de los desamparos.

P. Antes, a la violencia contra las mujeres, se le denominaba “crimen pasional”, ahora “violencia de género”, ¿Qué término deberíamos emplear?
R. Acaso no sería exagerado hablar de genocidio, que no otra cosa es la violencia, trufada de ninguneamiento, esclavitud y crímenes, ejercida contra las mujeres.

P. En el libro se muestra un material fotográfico digno de museo…R. Por fortuna, los años 30 conocieron una época de esplendor de la fotografía. Gracias a ello, he podido ilustrar mi libro con imágenes reales y la mayoría desconocidas, más de doscientas, de aquél año extraordinario que fue 1931.

P. Intuyo que la mujer en 1931 tenía frescura, ilusión y fuerza, ¿Cómo ve a la mujer actual?
R. Entonces, cuando emergió a la luz con la República y su aparato legislativo igualitario, entendió con fervor y entusiasmo que tenía casi todo por hacer, y hoy, lamentablemente, cree que ya lo ha hecho, o se lo hacen creer.

P. En su libro se disfruta de la estética de los años treinta, la arquitectura, el estilo literario en prensa, la publicidad, la moda… ¿Qué nos queda de aquello?
R. La Guerra y la posterior tiranía frailuna y erradicadora del franquismo acabó con todo aquél esplendor en agraz. Con todo. Hasta 1959 no se volvió a la renta “per capita” de los tiempos republicanos, pero hay cosas, como la fascinación popular por la Cultura o la honestidad de los cargos públicos, que no volvió jamás.

P. Aquéllas mujeres me parecen más hermosas y más femeninas que las actuales. Como hombre, ¿qué opina?

R. La libertad recién conquistada, el entusiasmo, la curiosidad intelectual, la conquista del propio cuerpo, las hizo enormemente bellas. Aquellas mujeres son el espejo en el que podrían mirarse las de hoy, pero les robaron el espejo.

P. Por último, ¿Cree capaz a la sociedad española de cambiar nuestro pequeño mundo, España, con entusiasmo y sin violencia, como en aquel año de 1931?
R. ¿Por qué no?

CUESTIONARIO MUY ÍNTIMO

¿Dónde está Dios?
R. Está en mis hijos, en los niños. En los adultos, casi nunca. En sus relaciones, menos. Pero, como escribió Pessoa, a Dios conviene llamarle por sus nombres: árboles, ríos, luz de la luna…

El amor es…
R. La sustancia que nos mueve y nos perpetúa.

El libro que ha marcado su vida
R. No uno, sino muchos: “El Quijote”, “Crimen y Castigo”, “Locos”, “El ruedo Ibérico”…

Su mejor obra.
R. Ya sabe que con el amor a los hijos no hay distingo., Si acaso, me entiendo mejor con “Ese cadáver”, con “Viva la República” y con “Raros de Europa”.

¿Qué le duele?
R. Casi todo. Como decía González Ruano, me duele el tranvía que pasa, y hasta el que no pasa.

Nunca me recomendaría…
R. Vagabundear por un centro comercial de las afueras.

¿Qué le supera?
R. La mezquindad.

Su reposo
R. Aún debo encontrarlo.

Su pasión
R. La memoria de mi padre.

¿Quién guarda la verdad?
R. El que la guarda, se la roba a los demás.

¿A qué huele la libertad?
R. No sé a qué huele, pero sabe a vino con gaseosa. Bien fríos.

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