JORGE GONZÁLEZ, DIRECTOR HOTEL AC MÁLAGA PALACIO

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Hace ocho años  que el leonés Jorge González llegó a la dirección del emblemático Hotel AC Málaga Palacio by Marriot. Desde entonces, su intensa implicación en la vida diaria de la ciudad no ha hecho más que crecer. Gestiona una de las principales sedes del Festival de Cine Español de Málaga, es miembro de cuatro cofradías, participa en todos los actos y reuniones que requieren de su opinión y además, se encuentra totalmente integrado en acciones de voluntariado, entre las que destacan aquellas centradas en la protección de la infancia.

Recientemente, hemos asistido en Málaga a la 17 Edición del Festival de Cine Español. Como en años anteriores, el Hotel AC ha vuelto a llenarse de las estrellas del celuloide. ¿Cómo afrontan y preparan un evento que tiene tanto alcance mediático, cultural y social?

Efectivamente, el Festival de Málaga es un evento que por su magnitud requiere una preparación bastante minuciosa. El hotel se transforma y hay que ponerlo al servicio de esos clientes especiales, pero ya no solo por lo que ellos significan sino también porque van contracorriente con lo que es el ritmo normal de un hotel. Por poner un ejemplo, cuando el cliente normal se levanta o desayuna, ellos a lo mejor se están acostando. Entonces, el hotel de alguna manera, se tiene que acomodar al ritmo del Festival. Son ya 17 ediciones y la verdad que el hilo lo tenemos, nos falta adaptarnos a lo que es cada año.

¿Por qué AC Málaga se convierte en punto de referencia del Festival de Cine y no otro hotel de similares características? ¿Qué le ofrece a la organización del evento que no tengan otros?

Eso habría que preguntárselo a la organización, pero sí que te respondo a lo que significa el hotel en la ciudad. Al final son 48 años de historia. Este hotel lleva funcionando 48 años ininterrumpidamente y en un sitio privilegiado. Un sitio en el que estás mirando al mar y a la vez todo lo que es el casco histórico, teniendo como puerta la catedral. Yo creo que no hay mejor foto que la del entorno del hotel. Luego me imagino que a efectos de organización pues su estructura, el número de habitaciones, los servicios que contempla también serán motivo de decisión. La proximidad al teatro cervantes. Todos sabemos que la gala comienza desde la puerta del Hotel Málaga Palacio, que es donde empieza la primera alfombra roja entonces también el público se reparte, hay gente que quiere verles aquí a la salida, gente que prefiere ir a la entrada del teatro. Se dan diversos condicionantes para que este sea el hotel.

La terraza de Málaga Palacio se ha convertido también en todo un reclamo no solo en eventos señalados como es el Festival, sino también como lugar de ocio para ciudadanos, visitantes y distintas personalidades. ¿Qué tiene de especial aparte de su enclave?

Lo que nunca pensé cuando nosotros estábamos poniendo en alza la terraza y dando un uso para turismo, clientes, la gente de Málaga, es que fuera a tener el impacto que ha tenido. Cuando yo me encuentro recorridos turísticos a los que se les dice a nuestros visitantes no dejen de subir a la terraza del Málaga Palacio para hacerse una foto. Esto a veces te da incluso un poco de miedo, porque de repente tienes a 30 personas o 50 subiendo todos a la terraza para hacerse una foto, pero también te produce una satisfacción tremenda porque ese es el momento cuando eres consciente de que tienes un sitio único. Ahora con toda esta vorágine yo me he interesado por la cuestión de las terrazas. En todo el mundo hay terrazas maravillosas. Pueden serlo en el sentido de que puede tener el último mobiliario más sofisticado, la iluminación más perfecta, mucha tecnología, pantallas de vídeo. Puede tener la vista al mar, a la montaña, pero no tiene el completo que es la planta 15 de este hotel: puedes ver el mar con una luna que se refleja en el agua maravillosa, hay veces que parece una lámina, pero al mismo tiempo estás viendo una parte histórica: la alcazaba, gibralfaro…de día es bonito, pero de noche con la iluminación es espectacular. Estás viendo las palmeras del palacio de la aduana, que no damos importancia a ese conjunto pero que es muy artístico, la catedral… Miras y ves el desarrollo de la ciudad, que también es importante. Todas las ciudades dicen que se desarrollan siempre alrededor de un Corte Inglés. Eso también se ve desde la terraza del hotel. Tienes una vista de 360º. Toda la ciudad, las torres de las iglesias del casco histórico. Es algo diferente, que tiene su punto. Yo creo que ese es el valor más en alza, el resto todos somos parecidos. Unos dan un tipo de cóctel, otros ponen los uniformes en rojo o en negro. Todo lo demás es atrezzo que se puede adaptar, comprar y poner, pero lo que en realidad es su valor son las imágenes que tú percibes desde este edificio.

¿Cuáles son las claves para gestionar con éxito un lugar tan importante como es el Hotel AC en la capital malagueña?

El corazón. Siempre he dicho que para ser director de hotel hay que tener corazón y pasión. Hay que poner mucha pasión a las cosas, porque tu vida no es la misma todos los días. Cambia totalmente y tienes que ser consciente y transmitir a tu equipo que cuando el resto se divierte tú estás trabajando. Un hotel abre las 24 horas los 365 días del año. Entonces, para eso, un director se hace. Tiene que vivir el hotel y cuando hablo de vivir es en el más amplio sentido de la palabra. Tú tienes que entender un hotel cuando te colocas como cliente, sabes los ruidos que hay por la noche, lo que pasa, la gente que cena, que come, que almuerza. Yo creo que esas son las claves. No venir, meterte en un despacho que es una burbuja y esperar visita y que la gente te llame. Eso está muy bien para la banca y los grandes edificios de empresa, pero en un hotel estás trabajando con personas que están al servicio de los clientes, entonces el factor humano es muy importante, importantísimo.

¿Cómo es el día a día en la gestión del hotel?

La pregunta que me hago es: ¿hay dos días iguales en la gestión del hotel? El día a día te lo va marcando, por supuesto, tu agenda y los clientes. Hay días que dices “voy a tener el día tranquilo” y, de repente, hay una fuga de agua que te inunda toda la planta y dices “pues no tengo el día tranquilo”. Tienes que tener una alternativa, porque puede surgir algo que te impide acudir a una cita, un evento. El día es imprevisible. Muchas veces a los directores nos gusta ser como un “trabajador tipo”: entrar a una hora, almorzar, salir a otra y todavía no he visto a nadie que lo haya conseguido. Es muy difícil, porque la gran cualidad de los seres humanos es que somos imprevisibles y eso es lo bonito. De alguna manera, lo que ocurre en un hotel es que los clientes son imprevisibles. Siempre que te dicen que uno quiere hablar contigo hay veces que dices “uff, es para protestar” pero no, hay veces que es para preguntarte, para comentarte. Concretamente, en este hotel, se han dado tres generaciones de familias que han utilizado el hotel: los abuelos, los padres y ahora lo utilizan los hijos. Alguien te cuenta a lo mejor una historia de algo que pasó hace cuarenta años. No sé es la magia del hotel.

¿Cómo definiría al cliente que se hospeda en su hotel?

Nosotros siempre nos hemos caracterizado por ser hoteles urbanos, hoteles dedicados a los negocios. Cuando se creó AC, que queríamos hacer un modelo que sirviera para todas las ciudades de España. Nuestro cliente era el perfil de cliente de empresa, ejecutivo, que llegaba a las siete de la tarde, estaba loco por ponerse unos vaqueros y lanzarse a la calle. Ese era nuestro perfil. Teníamos hoteles que desde las diez hasta las tres de la tarde estaban prácticamente vacíos y nos hemos dado cuenta de que ese no es el perfil. Por ejemplo, en Málaga desde que nos hemos internacionalizado con Marriott y llegamos a más personas tenemos clientes que les encanta estar en la terraza tomando el sol o leyendo. Un cliente que viene a hacer más turismo de ciudad, cultural, de eventos, congresos… todos los esquemas se nos han caído.

El cargo que ocupa exige una gran responsabilidad. ¿Cuándo fue la primera vez que asumió la dirección de un hotel?

El reto lo asumí hace 15 años, pero ¿que se asume una gran responsabilidad?. Puff… yo creo que muchas veces los que estamos aquí no queremos pensarlo porque si no, estaríamos asustados todo el día. Por poner un ejemplo, tú imagínate como me ocurrió a mí en Madrid, que te llama la policía y te dice que hay una amenaza de bomba, pero que no está muy claro. Que han llamado a la comisaría y le han dicho que hay una bomba en el hotel. En ti está la responsabilidad de poner en práctica un protocolo de desalojo o no. La policía te dice que depende de ti y tú dices, ¿sale la gente en pijama corriendo y se crea una alarma tremenda o, como parece ser que no es importante, me arriesgo?¿y si pasa algo? Para mí todo es una responsabilidad. La responsabilidad de que los clientes descansen, duerman. En 214 habitaciones conviven muchas personas. Imagínate por un momento los que llegan por la noche y tienen su fiesta particular en la habitación y ahora están los que se tienen que levantar a las 6 de la mañana para coger un vuelo. Tienes que conseguir cierto equilibrio. Tienes la responsabilidad de conseguir que el que está durmiendo duerma, descanse y también que el que viene a divertirse se divierta con moderación. Sin que nadie se enfade. Porque yo digo ¿qué necesidad hay de enfadarse? Un hotel tiene que ser siempre felicidad. En un hotel se hace siempre mucha relación social. Yo creo que ahora la tecnología lo que nos ha enseñado es que somos cada vez más independientes. Antes te montabas en un ascensor, porque los ascensores no siempre han sido tan rápidos como ahora y te daba tiempo a preguntar al cliente de dónde era, si estaba de vacaciones, si le gustaba el hotel…yo de los ascensores sacaba muchísima información. Ahora tú te montas en el ascensor y de cuatro personas tres están con el móvil mirando su whatsapp. Yo creo que esa esencia se ha perdido, pero los ascensores, hablando claro, daban muchísimo juego.

¿Qué es lo mejor de su trabajo?

Que esto es una universidad. La universidad de la vida. Hay tanta gente que pasa por el hotel y te aporta tantas cosas…te ayuda muchísimo a crecer como persona, a valorar. También hay esa parte en la que tú tienes que devolver de alguna manera a la sociedad lo que te está dando. En definitiva, el factor humano. Yo creo que un hotel es donde la gente se “desnuda” metafóricamente hablando. Ves muchas veces las virtudes, las miserias, mitos que de repente se caen y personas que descubres que son seres maravillosos. Eso es lo mejor.

¿Alguna vez pensó que llegaría tan lejos en el sector turístico y hotelero?

Nunca pensé que me iba a dedicar a esto. Este no era mi camino. Por eso digo que no solo el trabajo, sino la vida. Cuando lees alguna entrevista y la persona dice “no, no, yo tenía muy claro que quería llegar a esto y los sueños se cumplen”, pues mi sueño ese día se debió de estropear la máquina, porque mi sueño era ser periodista. Yo he estudiado derecho, cómo me iba a imaginar yo llegar no solo a ser director de hotel, sino dedicarme a esto. Fruto de las casualidades. Dicen que hay que estar en el lugar oportuno en el momento propicio y yo soy fruto de eso. De estar en un momento cuando en mi vida aparece el presidente de esta compañía y me dice “quiero que te unas a mí” y esa unión ya lleva 15 años. A partir de ahí llegó una aventura muy bonita, porque cuando una compañía está empezando…Nosotros veníamos ya con el referente de la compañía de la que era propietario Antonio Catalán, que era el NH. Trabajas mucho, de una manera muy desordenada, pero de una forma muy feliz. Tuvimos una temporada que llegamos a inaugurar un hotel cada ocho días. Yo me dedicaba a la expansión, he abierto dieciséis hoteles, he sido director de ocho. Yo que no sabía dónde poner un enchufe gracias a esta compañía he aprendido a interpretar unos planos, a saber medidas, he aprendido de interiorismo, muros de contención, forjados…Todas esas cosas ha sido una aventura muy bonita.

Ha colaborado con asociaciones como Afenes (Asociación de Familiares con Enfermos de Esquizofrenia), Esclerosis Múltiple, Lucha Contra el Cáncer o la Fundación Cesare Scariolo. También ha dedicado parte de su tiempo a hacer más alegre la estancia en el hospital de niños enfermos en la planta de Oncología del Materno Infantil como voluntario de Trovadores sin Fronteras. ¿Qué es lo que le mueve a intervenir en todas estas acciones solidarias?

Yo creo que el principal factor que hay que tener en cuenta es que tú puedes estar al otro lado. Entonces tienes que decir ¿Qué puedo hacer? Porque la enfermedad te viene. Esa es la gran realidad. Un día tu vida cambia y entonces necesitas más de las personas. Ayuda de todo tipo psicológica, ánimo…Los familiares también necesitan esa ayuda. Entonces tú te tienes que poner en el papel de decir: si yo estuviera al otro lado, si yo fuera enfermo, ¿qué me gustaría que hicieran por mí? Has hablado de la oncología infantil también, eso yo creo que es intocable: los niños y la enfermedad. No se puede hablar de recortes con niños enfermos, jamás. Con la infancia nunca, porque ya se están perdiendo parte de su infancia por estar en un hospital. A mí que no me hablen de recortes o esto no se puede hacer, porque sí se puede. Hay un grupo de personas que estamos en un proyecto muy bonito que es para la investigación oncológica, entonces se ha creado una asociación en Málaga de la que formo parte que es AIOM, Asociación para la Investigación Oncológica, con unos parámetros muy definidos. La asociación quiere que Málaga tenga un secuenciador de segunda generación para analizar el genoma del cáncer, porque no todas las personas tienen que tener el mismo tratamiento. Esto ayuda a que tengas más posibilidades de curarte y además a que tengas mayor calidad de vida. ¿Qué ocurre? Que al haber recortes en la sanidad y siempre dependerse del dinero, solo hay una máquina en España que está en el Valle de Ebrón, porque cuesta la friolera de un millón de euros. Nosotros nos hemos empeñado en que Málaga tenga su máquina. Estamos embarcando a las empresas e instituciones en la filantropía y, de la mano de la Universidad, queremos que los malagueños tengan o ayudarles de alguna manera a que no enfermen. Hay mucha gente que ayuda ya a las personas que han enfermado, lo que queremos ahora es ayudar a que no enfermen.

¿Cómo consigue compaginar su vida profesional y personal con la labor social que realiza?

Siempre digo que quitándote tiempo del convencional. Lo más fácil es decir “quitándome horas de sueño”. Sí, también, pero tú tienes que empezar a organizarte, ahí sí que tiene que haber una organización de tu tiempo. Tu vida no es solo trabajo y ocio, hay una parte que tiene que ser para los demás Una parte solidaria, ya que además en estos momentos las instituciones no pueden ser solidarias en la medida de como eran hace unos años, ahí es donde tiene que intervenir el ciudadano de a pie. Por eso se comenta en muchos medios que este país se está manteniendo gracias a la solidaridad de personas anónimas. Ahí es donde yo creo que tenemos que sacar ese momento de tiempo y ser solidarios, que se puede hacer.

Su origen es leonés, pero como hemos comentado anteriormente, lleva ocho años en Málaga. ¿Se siente cada vez más malagueño?

Sí. Llevo tiempo en Málaga y también tiempo fuera de León. Sí que me identifico. La gente que me conoce bien aquí en Málaga siempre dice que hubo una confusión de la ciudad. Yo me siento muy identificado con esta ciudad, creo que es una ciudad con posibilidades. Evidentemente, no reniego de mis orígenes, de mi familia…procuro no perder el cordón umbilical con mis raíces, pero una persona que se dedica a esto al final acaba viviendo en las tres cuartas partes de este país y puedo decir que Málaga, para la persona que no es de aquí, reúne todas las condiciones para que te sientas malagueño.

¿Con qué expectativas mira hacia el futuro?

Uno se puede imaginar el medio plazo, el largo plazo no te lo puedes imaginar. Quién nos iba a decir hace cinco años que íbamos a acabar así o cuando esta catástrofe del ladrillo empezó, el que iba a durar tanto. Entonces yo creo que expectativas de futuro, la verdad que creo que las cosas tienen que venir, pero el futuro lo veo como el presente: seguir estando, seguir trabajando, seguir colaborando, que no haya ningún factor externo que te impida llevar eso a cabo.

Destacamos

En un hotel estás trabajando con personas que están al servicio de los clientes, el factor humano es muy importante

Un hotel tiene que ser siempre felicidad

En un hotel descubres las virtudes, las miserias, mitos que de repente se caen y personas que son seres maravillosos

He abierto dieciséis hoteles, he sido director de ocho

No se puede hablar de recortes con niños enfermos, jamás

Tu vida no es solo trabajo y ocio, hay una parte que tiene que ser para los demás

Entrevista realizada por: Ana Soler

Fotografías: Miguel AP (www.miguelapb.es)

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